EL FOLÍCULO PILOSO, EL CICLO FOLICULAR Y LAS ETAPAS VITALES DEL CABELLO

De una forma didáctica podríamos decir que el folículo piloso se divide estructuralmente en 2 partes:

A.-El bulbo capilar constituye el centro de fabricación del cabello. En él se produce la multiplicación celular, la pigmentación del pelo y es la zona de intercambio entre la piel y el cabello. Es la zona más vascularizada asegurando el aporte de nutrientes indispensables para el crecimiento del cabello. También existen numerosas terminaciones nerviosas que transmiten los impulsos nerviosos a través de la liberación de mediadores neuroquímicos.
B.-El tallo piloso constituye la fibra capilar propiamente dicha. La capa más externa es la cutícula constituidas por células productoras de queratina que le dan dureza y elasticidad al cabello. Además sostiene el pelo y lo ancla al interior del folículo fijándolo. La parte central es la médula, y el córtex separa la cutícula de la médula.


Se calcula en unos 100.000-150.000 el número de cabellos del cuero cabelludo. El crecimiento diario de un cabello es de unos 0,35 mm, es decir casi 1 cm al mes  y entre 10-15 cm al año (con cierta variabilidad interindividual). En general podríamos decir que la velocidad de crecimiento es lenta por lo que para notar los efectos de un tratamiento deben pasar al menos 3-4 meses como mínimo (habitualmente se valora un tratamiento a los 3 y 6 meses). No debemos creer falsas expectativas de mejoría en 2-3 semanas ya que es fisiológicamente imposible.

El pelo no crece de forma continua sino que cada folículo de manera no simultánea con los folículos de alrededor realiza un ciclo alterno y constante de crecimiento y reposo. El ciclo vital del cabello consta de tres fases: anágeno (2 a 6 años de duración), catágeno (10 días de duración) y telógeno (3 meses de duración) (crecimiento, reposo y caída). La fase de anágeno es una etapa muy sensible sobre la que pueden actuar diferentes factores ambientales, hormonales, químicos, psíquicos… alterándose por tanto el crecimiento normal del cabello.

Cuando el tallo piloso cae al final de cada fase comienza el ciclo de nuevo con la formación de un pelo. Habitualmente existe más de un 85% de pelos en fase de crecimiento distribuidos de forma homogénea y hasta un 13-14% de los pelos están en fase de reposo y caída, sueltos dentro del folículo y dispuestos a caer en cualquier momento de forma espontánea. De esta manera se estima una pérdida fisiológica diaria de hasta 100 pelos, que en cabellos de longitud considerable puede ser bastante manifiesta. El problema no reside en que el pelo se caiga sino en que no se renueve y por lo tanto de forma progresiva se llegue a un estado alopécico con disminución de la densidad folicular y por tanto de la masa capilar.


Como ocurre con la piel en la que se aprecian signos y síntomas consecuentes del paso del tiempo (arrugas de expresión, flaccidez, manchas…), el cabello también experimenta cambios que englobamos bajo el término de envejecimiento capilar, más manifiestos en la mujer que en el varón con una diferencia media de 6 años y consistentes en pérdida de volumen y masa capilar. Se describen 3 signos progresivos por efecto del envejecimiento: la reducción del número total de cabellos, la disminución del diámetro del cabello y el aumento de los períodos de reposo que condicionan heterogenicidad de los diámetros. Todo esto lleva a una progresiva disminución de la masa capilar que puede ser más llamativa si se asocia a algún tipo de efluvium o alopecia.

El ciclo del cabello está influenciado por multitud de factores (situación hormonal, estado nutricional, embarazo y lactancia, enfermedades, clima y factores ambientales…). Durante el verano y el invierno la fase de caída del cabello se encuentra retrasada lo que conduce a una fase de compensación posterior en primavera y otoño de aumento de la pérdida de cabello (recambio capilar humano). Es similar a lo que ocurre en los animales con pelo aunque no de forma tan llamativa.

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