LOS TRASTORNOS CAPILARES PUEDEN AFECTAR A LA AUTOESTIMA DE QUIEN LOS SUFRE HASTA EL PUNTO DE CAUSAR DEPRESIÓN EN MUCHOS CASOS

Aunque la alopecia sea una patología con escasa o nula mortalidad es una enfermedad con una morbilidad muy elevada y una gran repercusión en la calidad de vida de los pacientes. La alopecia en la mujer suele ser menos acusada que en el varón y sin embargo las repercusiones psicoemocionales en ellas son mucho más acusadas. 

Por razones sociales y culturales la salud capilar se ha asociado a salud en general. De hecho en varios estudios ha quedado bien establecido que en las pacientes con cáncer y alopecia completa tras la quimioterapia el principal factor limitante a la hora de repetir los ciclos de quimioterapia es la alopecia. El hecho de no tener pelo y tener que ir con un pañuelo en la cabeza es un signo que para muchas personas indica enfermedad, es un estigma social. 

Hoy día la imagen es nuestra carta de presentación, la sociedad es agresiva y cruel y se sabe que las personas con determinadas patologías dermatológicas como el acné, la psoriasis y la alopecia tienen más dificultades para la inserción social y laboral. 

No deberíamos considerar la tricología como una rama frívola dentro de la dermatología y puramente cosmética, sino que en ocasiones son patologías responsables de enfermedades psicológicas.

El paciente con alopecia es un paciente vulnerable, desesperado, que se agarra a cualquier ápice de esperanza para su patología y que sufre en muchas ocasiones los abusos de una publicidad engañosa y un negocio “sucio”. 

En general no se sienten escuchados, atendidos y en ocasiones hasta repudiados por la sociedad e incluso por los propios médicos. Todo eso hace que entren en un peligroso círculo vicioso que en ocasiones acaba en una profunda depresión.


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